En Estocolmo existe una luz que ha ido incendiando la escena Progre del Metal, y llegará a México.
A poco más de una semana de la visita de Katatonia a nuestro país, pudimos conversar en exclusiva con Nico Elgstrand.
Junto con Sebastian Svalland, es uno de los dos guitarristas que se incorporaron más recientemente al grupo.
Platicamos sobre cómo terminó dentro del proyecto, qué tanto ha participado en el proceso creativo reciente y, por supuesto, de su relación con el público mexicano.
Curiosamente, su historia con Katatonia empezó de una forma bastante simple. Nada de audiciones formales ni planes a largo plazo.
Todo comenzó con un concierto aislado poco después de la pandemia, en 2022, cuando el mundo todavía estaba intentando retomar el ritmo de las giras. El destino era Hobart, en Tasmania, Australia, y el viaje no era precisamente corto.
“Empecé haciendo un concierto único después del COVID”, recuerda. “Si no hubiera sido por la pandemia, probablemente habría dicho que no. Eran como 25 canciones y tres días de viaje para llegar, tocar una hora y media, y volver. Era muchísimo trabajo para un solo concierto”.
Aun así, aceptó. Y algo pasó. No solo en el escenario, sino entre bastidores. “Nos llevamos muy bien”, recuerda.
Esa buena química quedó aún más clara un año después, cuando volvió a colaborar con la banda durante una gira en la que otro guitarrista no pudo participar.
“Creo que todos nos llevamos muy bien y sentí que, si surgía la oportunidad, probablemente me uniría a la banda”.
La confirmación llegó de una forma bastante relajada: una cena. “Me dijeron: vamos a cenar a un restaurante indio”, recuerda.
“Y pensé: sé de qué va esto”. La escena fue tan simple como suena: comida, risas y una conversación directa.
“Fue muy poco dramático”, cuenta. “Pero al final, ambos sentimos que esto podía funcionar durante mucho tiempo”.
Para él, ese tipo de conexión es clave. “Cuando estás en una banda, pasas muchísimo tiempo juntos sin tocar música”, explica. “Aeropuertos, hoteles, viajes… así que lo más importante es llevarte bien con la gente”.
Entrar a un grupo con una identidad tan marcada como Katatonia podría haber sido complicado, pero Elgstrand tiene una filosofía bastante clara para esas situaciones: no pensar demasiado.
“El peor enemigo de un músico es el cerebro”, dice entre risas. “Si simplemente apagas tu mente y tocas como sabes tocar, tu estilo aparece solo”.
De hecho, resume esa idea con una frase atribuida a Bruce Lee que le gusta repetir: “No pienses, solo siente”.
Para él, mientras respetes la canción, el resto sale naturalmente. “No puedes volverte loco con todo, claro, pero una vez que conoces la canción… simplemente toca”.
Ese enfoque también se nota en su relación con el vocalista Jonas Renkse, con quien comparte bastante afinidad musical.
“Creo que tenemos gustos muy similares”, comenta. “Cuando él me manda una canción normalmente es porque sabe que me va a gustar, y lo mismo al revés”.
Aunque gran parte del último álbum de la banda, Nightmares as an Extension of the Waking State, ya estaba escrito cuando Nico Elgstrand comenzó a involucrarse más de cerca en el proceso, sí pudo aportar desde un lugar que conoce muy bien: la producción.
Durante años, ha trabajado grabando y produciendo a otras bandas, y esa experiencia, dice, le ha enseñado algo importante. “Cuando estás produciendo, no es tu canción. No estás ahí para tomar el control”.
Su papel, explica, es más bien ayudar a que la música funcione mejor. “Tienes que escuchar realmente qué está pasando y pensar: ¿cómo podemos hacer que esto suene lo mejor posible?”.
Es un proceso que se aprende con el tiempo. “No creo que lo haya dominado todavía”, admite. “Pero al menos lo hago mejor que hace veinte años”.
En cuanto al sonido actual de la banda, Elgstrand siente que hay una pequeña apertura en la manera de trabajar las canciones.
“Creo que este material es un paso en una dirección un poco diferente”, dice. “Es más aireado y los arreglos no son tan tradicionales”.
Entre las referencias que menciona aparecen incluso ecos progresivos, algo que lo conecta con su amor por Pink Floyd, aunque insiste en que no le gusta encasillarse demasiado en géneros. “Si me gusta una canción, me gusta. No importa si es Metal, Bossa Nova o Reggae”.
En vivo, algunas canciones han ido ganando terreno como favoritas. Durante la última gira europea, por ejemplo, una de las que más disfrutó tocar fue “Thrice”.
“Tiene muchos cambios dinámicos y es muy divertida de tocar”, explica. Aunque reconoce que esas cosas cambian todo el tiempo. “En unos meses probablemente diré otra”.
Por ahora, el calendario de la banda está lleno de viajes: giras en primavera, festivales en verano y, eventualmente, tiempo para pensar en nueva música.
“Ahora vamos a salir de gira en marzo, abril y mayo, y luego viene la temporada de festivales”, cuenta. “En algún momento tendremos que sentarnos y empezar a trabajar en un nuevo álbum”.
Le gustaría involucrarse cada vez más en esa parte del proceso, aunque lo dice con cierta humildad. “La banda ha funcionado muy bien durante muchos años sin mí”, reconoce. “Si puedo aportar algo que encaje, lo haré”.
Cuando la conversación se mueve hacia las giras, el tema termina llevándonos a Latinoamérica. Su tono cambia inmediatamente.
Recuerda una presentación anterior en México, durante un festival, bajo el sol de la tarde. “Hacía muchísimo calor”, dice riendo. “Teníamos el sol directo en la cara, y a los suecos no se nos da muy bien demasiado sol”.
Pero el recuerdo que realmente permanece no tiene tanto que ver con el clima como con el público.
“Latinoamérica es mi lugar favorito para tocar”, asegura. “La cantidad de amor y energía que hay en México y en toda la región es increíble”.
Quizá por eso el regreso lo entusiasma especialmente. Esta vez, además, con la oportunidad de ofrecer un show completo.
“Creo que pueden esperar una banda muy enérgica”, adelanta. “Hemos estado tocando mucho y creo que tenemos algo realmente bueno entre manos”.
Ya hacia el final de la conversación, le pedimos que jugara un poco con la memoria. Si pudiera retroceder en la historia de la banda y elegir un disco en el que le habría gustado participar, no tarda demasiado en responder: “Hubiera sido genial estar en Sky Void of Stars, es un álbum realmente genial”.
Ese mismo respeto por el material anterior también aparece cuando la conversación gira hacia el repertorio en vivo.
Entre risas admite que algunas canciones todavía le exigen más de lo esperado en el escenario. “Ahora mismo creo que la más difícil de tocar es ‘Dead Letters’. Creo que ya la tengo, pero me tomó un tiempo que los dedos se acostumbraran”.
En cambio, hay partes que disfruta especialmente: “Quizá el riff del verso de ‘Thrice’. Es muy divertido de tocar”, dice, refiriéndose a una de las canciones más recientes del grupo.
Hablar de riffs termina llevándonos todavía más atrás, hasta el momento en que todo empezó.
El recuerdo aparece ligado a otro disco, uno muy distinto, pero igual de decisivo. “The Number of the Beast, de Iron Maiden, fue el álbum que me hizo querer tocar guitarra”, recuerda.
Un amigo se lo mostró tocando el riff en una guitarra acústica. “Yo pensaba que era el bajo. No entendía de dónde salía ese sonido. Pero cuando me enseñó el disco… a partir de ahí pasaba diez horas al día escuchándolo”.
Al final, su llegada a Katatonia parece resumirse en algo bastante sencillo: una serie de coincidencias que terminaron encajando.
Sin demasiados planes ni grandes estrategias. Simplemente dejando que las cosas pasaran.
Como él mismo lo dice: “A veces lo mejor que puedes hacer es no pensar demasiado… y simplemente tocar”.
Katatonia regresa a México como parte de su nueva gira “Nightmare as Extensions of the Waking State – Latin América Tour”, con una fecha única el 15 de marzo de 2026 en el Circo Volador, los boletos están a la venta a través de Superboletos.

