Una carrera musical larga y con más altos que bajos, llega tristemente a su fin.
Tan solo decir el nombre Megadeth, es hablar de una pieza fundamental en la larga historia del Metal, banda que se consagró en lo más alto durante años y que nos dio discos y conciertos memorables.
Hoy, en cuanto a su trabajo de estudio, la puerta se ha cerrado con lo que significa su último disco, que termina siendo homónimo.
Así es cómo Dave Mustaine cierra la llave creativa, con poco más de 40 años de hacernos mover las cabezas con el brazo bien estirado y el puño cerrado hacia el cielo.
Este disco ha tenido todo tipo de críticas, pues al ser el último, tanto los fans como la crítica, esperaba algo brutal, algo como lo que hizo en cualquiera de los discos lanzados en sus primeros cinco años de carrera.
Y sí, no es esa brutalidad, pero es Megadeth. «Tipping Point» inicia la despedida de la mejor manera posible: una rola de Thrash rápida, contundente y con solos de guitarra infestados de la esencia de la banda.
Megadeth es Mustaine y Mustaine es Megadeth, así de fácil. El sonido de la banda siempre ha tenido la misma alma y al parecer la misma musa. Sin importar qué músicos lo acompañen, el concepto «Megadeth» es sólido, claro y duradero.
En esta nueva placa, James LoMenzo aporta músculo veterano en el bajo, Dirk Verbeuren demuestra que es uno de los bateristas más sólidos del Metal moderno y Teemu Mäntysaari inyecta precisión quirúrgica y elegancia técnica.
En cuanto a ejecución, el último disco de Megadeth es una verdadera joya virtuosa, eso no está en duda. Pero para muchos no es completamente poderoso. Para mí, no tendría que serlo.
La voz de Dave ya no dispara como antes, tras el cáncer y los problemas físicos, Mustaine no canta desde la fuerza bruta, sino desde la experiencia.
Temas como “Hey God!” exponen inseguridades poco comunes en una leyenda del Thrash, mientras “Puppet Parade” recupera ese instinto casi Pop que hizo gigantes a discos como Youthanasia sin perder colmillo.
Si andan buscando la rapidez que tanto nos gusta de la banda, en «Let There Be Shred», «Made to Kill», y la abridora, son tu lugar seguro y poderoso.
Pero también hay más midtempo, de ese sabrosón que usamos para hacer la limpieza de la casa, como «Obey the Call», y «I Am War», y cosas más punketonas como «I Don’t Care».
¿Es su mejor disco?, no. ¿Es su peor disco?, tampoco. En general es un gran disco, es una masterclass de solos de guitarra y riffs pegajosos, que nos hacen recordar toda la discografía de la banda.
El disco cierra con «The Last Note», que más bien es una marcha fúnebre, un testamento. No hay explosión final, sino un cierre íntimo, casi confesional, que golpea más fuerte que cualquier despedida. Es la rola más larga del disco, un gran adiós: «So here’s my last will, my final testament, my sneer… I came, I ruled, now I disappear».
Como bonus track, «Ride The Lighting» es más que un «cover» necio o una provocación al universo Metallica, es más bien una declaración de quien reclama su lugar en la historia del Metal. No es que sea mejor que la original, pero es una versión completamente Mustaine.


Fecha de lanzamiento
Ene 23, 2026
Duración
47 min
Género
Thrash Metal
Disquera
BlkIIBlk Records
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