El Power Metal Progresivo regresará a México como parte de la gira que celebra sus 30 años de trayectoria.
Para Michael LePond, bajista de Symphony X desde finales de los noventa, la fecha marca algo más que un aniversario: un reencuentro con un público que la banda considera casa.
En conversación exclusiva con nosotros, LePond reflexiona sobre estas tres décadas de historia y la conexión especial que Symphony X ha construido con México y Latinoamérica.
“Mi primera gira, mi primer concierto con Symphony X, fue en Sudamérica”, recuerda. Desde entonces, esta parte del mundo se convirtió en algo más que una parada recurrente en las giras: “Latinoamérica se ha vuelto como un segundo hogar para mí”.
Para LePond, y para la banda, algunos de los momentos más memorables de su carrera han ocurrido aquí. “Los mejores conciertos que hemos dado han sido en lugares como la Ciudad de México”.
Los fans mexicanos siempre han tenido algo distinto. No es solo que canten fuerte o se entreguen al show, sino la forma en la que viven la música.
Al recordarlo, Mike LePond todavía se emociona: “Los fans no solo cantaban las letras con el cantante… también cantaban la música”.
Las melodías, los riffs, las líneas instrumentales; cosas que normalmente solo pasan arriba del escenario, en México también se expresan desde el público.
“Jamás había experimentado algo así”, confiesa, y admite que incluso explicarlo a sus amigos músicos en Norteamérica resulta casi imposible.
Esta conexión tan única entre los músicos y la audiencia es una de las razones por las que la banda siempre quiere volver.
Mantener una banda viva durante tres décadas no es cualquier cosa y Symphony X no solo ha evolucionado musicalmente, pues también ha crecido en lo personal entre sus integrantes.
“Han cambiado muchas cosas a lo largo de los años”, reconoce LePond. En los primeros discos, el sonido era más progresivo, más neoclásico.
Con el tiempo, los riffs se volvieron más pesados, las voces más agresivas. No fue una decisión calculada: “Simplemente sucedió”.
Pero el cambio más importante ocurrió fuera del estudio. “Más de 30 años es mucho tiempo. Nuestras amistades se han fortalecido”.
Como en cualquier relación duradera, han existido desacuerdos, tensiones y discusiones. Sin embargo, siempre hay algo que pesa más: la conciencia de que, antes que músicos, son amigos.
“Tenemos algo juntos que es mágico. Nunca dejaríamos que nada lo arruinara”.
Cuando Mike LePond se unió a Symphony X, tenía muy claro a donde estaba entrando. “Cuando entré a la banda, realmente no estaba a su nivel”, admite con certeza.
“Michael Romeo y Michael Pinnella son dos de los músicos con más talento que he conocido en mi vida”, añade.
Sin embargo, lejos de intimidarlo, ese punto de partida terminó siendo un motor que lo empujó a crecer desde el primer día.
Poco a poco, LePond fue encontrando su propio espacio dentro de Symphony X sin perder de vista el legado de Thomas Miller, el bajista original de la banda, cuyas líneas sigue respetando en los primeros discos.
Su estilo, sin embargo, tomó otro camino: menos técnico y más visceral. “Soy más Rock and Roll sucio, más Blues”, explica.
Ese entorno retador lo obligó a crecer rápido, a escuchar distinto y a afinar no solo su técnica, sino también su forma de entender la música, hasta que el bajo dejó de ser un simple acompañamiento y se convirtió en una voz propia dentro del sonido de la banda.
Esa química musical también se refleja fuera de las canciones, en lo cotidiano. En una banda donde varios miembros se llaman Michael, la confusión era inevitable, hasta que encontraron una solución práctica y muy a su estilo: apellidos y apodos.
LePond es LePond, Pinnella es “P” y Romeo es Romeo. Una aclaración divertida que dice mucho de una convivencia relajada y de un lenguaje propio que solo se construye después de muchos años juntos.
En cuanto al proceso creativo, LePond reconoce que “solo con verlos trabajar me convertí en un compositor mucho mejor”.
Aunque la mayor parte de la música nace de Michael Romeo, quien escribe casi todo el material y lo envía en forma de demos, las canciones terminan de construirse entre todos, sumando influencias y ajustando detalles hasta encontrar su forma final.
Con el tiempo, esa dinámica los llevó a pensar como un solo organismo: “Todos pensamos juntos: hacia dónde debe ir la canción, qué acorde viene después”.
Las letras y los conceptos siguen una lógica similar: cada quien escribe desde su propio espacio y luego lo juntan todo para ver qué funciona.
Si una idea convence a todos, se desarrolla. Así nació una de las obras más ambiciosas y representativas del metal progresivo moderno.
La idea de The Odyssey surgió a principios de los años 2000, cuando LePond leía La Odisea de Homero y pensó que sería increíble que la banda intentara algo así.
Le presentó la idea a Michael Romeo y la reacción fue inmediata: “cerró la puerta y lo escribió todo, la música, la letra, todo”.
Al escuchar el resultado final, el impacto fue total. “The Odyssey” no solo se convirtió en una pieza clave dentro de la discografía de Symphony X, sino que también marcó su forma de entender la música como un viaje narrativo.
Tocarla en vivo, pese a su duración y complejidad, es más un reto mental que físico. “Es cuestión de memorizarla y tocarla hasta que se vuelva parte de ti”.
Durante un tiempo, incluso, interpretarla como encore le resultaba casi liberador. “Lo prefiero así”.
Esa lógica narrativa se extiende a los álbumes y a los shows en vivo. Symphony X concibe cada presentación como un recorrido emocional: intensidad, velocidad, calma, introspección y, finalmente, un último golpe de energía.
Baladas, pasajes progresivos, momentos que “realmente te llegan al corazón”. “Nos gusta llevar al oyente a un viaje”, explica LePond.
Mantenerlo atento, emocionado, vulnerable… y luego devolverlo al caos controlado del Metal. Es una fórmula que les ha funcionado durante 30 años.
No obstante, para esta gira tan importante, la banda es consciente de lo que sus fans esperan, especialmente en México y Latinoamérica.
“Escuchamos lo que nos dicen que quieren escuchar”, asegura. Habrá sorpresas, pero sin artificios innecesarios ni exageraciones escénicas, solo veremos a “grandes músicos tocando buena música, divirtiéndose y disfrutando”.
Es una declaración honesta que encaja perfectamente con la filosofía de Symphony X: respeto por el pasado, compromiso con el presente y una conexión genuina con su audiencia.
La primera vez que Symphony X tocó en México fue en 2007 y, desde entonces, el ir y venir ha sido constante, reforzando en cada visita el mismo sentimiento.
“Los fans nunca nos decepcionan”, dice LePond. “Los recordamos siempre, y cada vez que tocamos allí, damos el mejor espectáculo posible”.
Por ello, reconectar con el público mexicano será parte esencial de esta gira de aniversario, presentándose el 11 de marzo a Guadalajara en el C3 Stage; el 12 de marzo a Monterrey en Nanda’s; y el 13 de marzo a la Ciudad de México en el Circo Volador.
A 30 años de distancia, el viaje continúa y, como en The Odyssey, no importa cuántas veces se recorra el camino: siempre hay un lugar al que vale la pena volver. Para Symphony X, ese puerto sigue siendo México.
